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 El Cantábrico, un lugar para visitar.
Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco, forman la región conocida como La España Verde.
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SANTANDER

Santander, capital de la Provincia de Cantabria, se asienta básicamente sobre la vertiente sur de un altozano alargado que se asoma a una hermosa bahía. Cuenta en la actualidad con una población de 185.000 habitantes, apreciándose en los últimos años un ligero descenso demográfico en beneficio de municipios limítrofes.
La ciudad ofrece una extraordinaria infraestructura turística, con numerosos hoteles de diferentes categorías, predominando los de 3 y 4 estrellas. Su moderno Palacio de Festivales frente a la bahía, es sede del Festival Internacional de Música y Danza, aunque también es utilizado para reuniones y eventos profesionales. Su salas Argenta y Pereda tienen un aforo de 1670 y 570 personas respectivamente.

El Palacio de la Magdalena acoge durante el verano los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y juntamente con el Paraninfo de Caballerizas es utilizado en ocasiones como marco inigualable para la celebración de congresos y convenciones.
El Palacio de Exposiciones y el Palacio de los Deportes, ambos junto al campo de fútbol, complementan la oferta de ocio de la ciudad.

Existen buenas comunicaciones, tanto hacia el este como hacia el oeste, por la autovía del Cantábrico. El resto de las carreteras de la red nacional y regional presentan un renovado y cómodo trazado aunque supeditado a la orografía del terreno. Un ferry con dos frecuencias semanales, une el puerto de Santander con el de Plymouth en Inglaterra.
Por vía aérea, varios vuelos directos comunican diariamente la ciudad con Madrid y Barcelona. También existen varias frecuencias diarias con la capital de España por línea regular de autobús y por ferrocarril.

Santander es hoy una ciudad tranquila e idónea para gozar de sus jardines, paseos, parques, playas y de las actividades culturales que se desarrollan a lo largo del año, así como de la gastronomía y lugares de diversión.

Historia.
Hay indicios para pensar que ya los romanos conocieron y utilizaron el actual puerto de Santander al que llamaron Portus Victoriae Iuliobrigensium. Durante los comienzos de la Edad Media, empezó a formarse un poblado en torno a la ermita de San Emeterio y Celedonio. El rey Alfonso VIII otorgó en 1187 el fuero a la villa. En el siglo XV pasó a ser villa de realengo y, junto con Castro Urdiales, Laredo y San Vicente de la Barquera, fue uno de los puertos marítimos importantes del Cantábrico.
En 1755 le fue concedido el título de ciudad por Fernando VI. El puerto de Santander en la segunda mitad del siglo XVIII, adquiere un gran protagonismo como consecuencia de la epertura del camino con la meseta y la finalización del Canal de Castilla. A través de esta rutra, se transportan las harinas y lanas de Castilla que son embarcadas hacia puertos europeos. Durante el siglo siguiente, se intensifica el tráfico portuario al iniciar la Compañía Trasatlántica las rutas marítimas comerciales con América.

Veraneos Reales y Baños de Ola
Corría el año 1847 cuando la Gaceta de Madrid publicó un artículo que hacia referencia al beneficio que para la salud proporcionaban los baños en el mar. Aquella moda se fue generalizando y las playas del Sardinero comenzaron a verse frecuentadas en los periodos estivales por unos pioneros e intrépidos veraneantes que se atrevían a recibir los impactos de las olas en sus cuerpos.
Las primeras fondas y casas de baños se construyeron entonces para alojar a aquellos primeros turistas. Las estancias de la Reina Isabel II a mediados del siglo XIX contribuyeron a que muchas gentes de la burguesía española vinieran también a pasar los veranos en las playas de Santander.
En los primeros años del siglo XX, se construyen singulares edificios para alojar a la Familia Real y su corte. Así en 1913 se edifica el Palacio de la Magdalena, residencia estival de la familia de Alfonso XIII hasta 1930. En 1915 abre sus puertas el Gran Casino del Sardinero y dos años más tarde el Hotel Real.


Explosión del Machichaco
Fue sin duda la mayor tragedia sufrida por la ciudad. El Vapor Machichaco, atracado en el puerto en noviembre de 1893, sufrió un incendio. El hecho provocó la curiosidad de muchos santanderinos y autoridades que se acercaron al muelle para presenciar los trabajos de extinción. Al parecer no se había declarado el contenido de la carga del barco que resultó ser dinamita.
La violentísima explosión que se produjo causó cientos de muertos y numerosos destrozos en los edificios e instalaciones de la ciudad. Los testimonios de algunos supervivientes que presenciaron tan pavorosos hechos, resultan sobrecogedores.

Incendio de 1941.
Es bien conocido por los santanderinos el riesgo y peligro de accidentes que hay cuando sopla el viento sur en la ciudad.
En el mes de febrero de 1941 una profunda borrasca situada en la vertical de Lisboa provocó un violento temporal de viento sur que, en la ciudad de Santander, alcanzó velocidades de hasta 165 kilómetros por hora.
Las casas en aquella época, utilizaban mayoritariamente las cocinas de carbón para las tareas domésticas y no resultaba extraño que, en ocasiones, las chimeneas desprendieran chispas de la combustión. Una de estas chimeneas fue el origen del incendio en un inmueble de la calle Cádiz que se vió avivado rápidamente por el viento.
Cuentan los que vivieron la catástrofe, cómo las vigas y maderas ardiendo volaban de una a otra casa, haciendo inútil el trabajo de los bomberos, muchos de ellos venidos de provincias limítrofes.
Durante los dos días que sopló el viento, ardió gran parte del centro de la ciudad. Muchas familias perdieron sus hogares y muchos comerciantes vieron arruinados sus negocios. La ciudad quedó incomunicada del resto del país y estuvo sumida en el caos durante varios días hasta que se lograron restablecer los servicios.
La única nota positiva fue la ausencia de víctimas mortales, a pesar de la magnitud del incendio.
Menéndez Pelayo, Pereda, Galdós
Ilustres polígrafos han quedado unidos a la historia de la ciudad por la relevancia de sus escritos y novelas. Tal es el caso de Marcelino Menéndez Pelayo. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid, fue académico de la Real Academia de la Lengua, de la Historia, de Ciencias Morales y de Bellas Artes de San Fernando. Sus obras escritas comprenden 65 volúmenes. A su muerte, en 1912, donó a la ciudad su bibliteca compuesta por 40000 volúmenes, algunos de ellos raros y notabilísimos.

También José María de Pereda, gran novelista que supo describir certeramente la vida y las costumbres de las gentes de Cantabria en memorables novelas, como Sotileza, Peñas Arriba o El Sabor de la Tierruca, entre otras. Benito Pérez Galdós, aunque de origen canario, pasó largas temporadas en Santander, escribiendo aquí algunas de sus obras.
Lo que hay que conocer en la ciudad.

Biblioteca y Casa-Museo de Menéndez Pelayo.
Situada en el centro de la ciudad, conserva una colección de volúmenes que perteneció al prolífico escritor. Anexa al museo, está la casa donde vivió Menéndez Pelayo.
Museo Municipal de Bellas Artes. Se encuentra en un edificio de 1924. Tiene cuatro plantas en las que se conservan obras de los siglos XIX y XX. Pintura clásica de las escuelas flamenca, española e italiana del siglo XVI al XVIII. Destaca un retrato de Fernando VII realizado por Goya.
Catedral. La catedral que hoy se ve no tiene nada que ver con el importante edificio gótico construido en el siglo XIV. Hay que terner en cuenta el incendio que la destruyó en 1941. No obstante, la cripta es atribuida al siglo XIII y el claustro a finales del siglo XV.
El Paseo de Pereda está formado por un conjunto de edificios construidos desde finales del siglo XVIII hasta comienzos del XX. Tienen un alzado similar, armonía arquitectónica y vistosas galerías y balcones. Hace algunos años fueron declarados Monumento Histórico-Artístico.
Puerto Chico, que antaño fuera de pescadores, es hoy un puerto donde amarran embarcaciones de recreo de todo tipo. Junto a él está el nuevo y monumental Palacio de Festivales.
La avenida de Reina Victoria que aquí comienza, ofrece al visitante una hermosa vista de la bahía y, en días claros, de las montañas limítofes con tierras burgalesas.
La Península de la Magdalena es un bello parque para el esparcimiento y el descanso. En el mini zoo allí instalado, se puede disfrutar de las graciosas evoluciones de focas, osos y pinguinos. En lo alto destaca el Palacio Real , construido a principios del siglo XX. Fue residencia de verano de la Familia Real hasta 1930.

El Sardinero ofrece sus magníficas y protegidas playas, cafeterías, heladerías, hoteles y el Gran Casino. Al final de la playa parte un camino que bordeando la costa llega hasta la recoleta playa de Mataleñas y Faro de Cabo Mayor.
Museo Regional de Prehistoria y Arqueología de Cantabria. Conserva restos desde el Paleolítico Inferior hasta la Edad Media. Destacan las finísimas puntas solutrenses de las Cuevas de Altamira y piezas encontradas en las cuevas del Pendo y El Castillo. También se pueden ver grandes estelas, lápidas funerarias, monedas, cerámica y pequeñas esculturas de bronce de época romana.
Museo Marítimo del Cantábrico. Ha sido sometido a una profunda remodelación y ampliación recientemente, convirtiéndole por sus fondos y acuarios en uno de los más importantes de España.


En los alrededores:
En el extremo oeste de la bahía, junto al aeropuerto, está ubicado el Puerto Deportivo Marina de Santander, dotado con todas las comodidades y servicios propios de una marina. Su espejo de agua tiene una capacidad para 1300 embarcaciones de recreo.
En las lanchas que regularmente cruzan la bahía, se llega a los pintorescos pueblos de Pedreña y Somo. El primero conocido por ser el lugar de nacimiento del campeón mundial de golf Severiano Ballesteros.
Somo ofrece al visitante un inmenso arenal de varios kilómetros. La zona de Las Quebrantas es muy frecuentada por los aficionados al surf.
Peña Cabarga, con sus casi 600 metros de altura, es un excepcional mirador en 360 grados, de la bahía, montañas circundantes, Picos de Europa, etc.
Cueva del Pendo en Escobedo de Camargo. La gran cavidad del Pendo impresiona por sus dimensiones. El panel de pinturas descubiertas recientemente constituye un gran conjunto de arte rupestre.
Museo Etnográfico de Cantabria. La casona que alberga el museo es una sólida construcción de finales del siglo XVII. Los fondos del museo están formados por objetos de madera, herramientas, muebles populares y demás piezas singulares de gran valor etnográfico.
Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Situado a 17 Km de la ciudad, es una obligada visita para niños y mayores. La amplitud del recinto permite contemplar animales de los cinco continentes en régimen de semi-libertad. Llama la atención el paisaje kárstico del entorno así como la recuperación ambiental de lo que durante siglos fue una explotación minera.
Playas de San Juan de la Canal, Covachos, Somocueva, la Arnía, Portio, Cerrias y Liencres. Estas bonitas y salvajes playas se encuentran siguiendo la costa hacia el Oeste de la ciudad, alternándose con bruscos acantilados que en ocasiones ofrecen singulares formaciones geológicas. Estas playas pertenecen a los municipios de Santa Cruz de Bezana y Piélagos.



 


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