Oñate
fue una de las pocas villas de señorío que
existieron en el País Vasco. Ocupa un hermoso
valle en la comarca del Alto Deba rodeado
de verdes montañas. Hacia el sur sobresale
el monte Aloña, de 1300 metros del altura.
Recorrer Oñate es sorprenderse de la variedad
de estilos artísticos, de concepciones urbanas,
de elementos históricos, en donde apenas
falta nada, desde el gótico de las tallas
de las ermitas e iglesias y las casas-torre,
hasta el arte de vanguardia de Arantzazu,
pasando, desde luego, por una impresionante
colección de construcciones y retablos renancentistas
y una nada despreciable cantidad de edificios
civiles y religiosos barrocos.
No hay que olvidar las aportaciones del
siglo XIX, con sus fuentes, su urbanismo,
la iglesia neogótica de los Lateraneses,
etc... De toda esta pléyade de posibilidades
podemos optar por destacar tres elementos:
el monasterio de Bidaurreta y las plazas
de Santa Marina y de los Fueros.
El
Monasterio de Bidaurreta construído en los
inicios del siglo XVI ofrece una variedad de estilos:
gótico, renacentista y mudéjar. Los elementos característicos
de éste último están en la zona de clausura, el
claustro y sobre todo el precioso artesanado del
refectorio.
En
la iglesia encontramos el sepulcro de los fundadores,
bastante sencillo, pero también las 218 sepulturas
de otras tantas familias de Oñate que durante tres
siglos enterraron allí a sus muertos. El retablo
plateresco, de 1533, puede ser el primero de los
renacentistas que se labrara en Guipúzcoa.
La
Plaza de Santa Marina constituye un notable
conjunto elaborado a lo largo de los siglos XVI
y XIX. Se dan cita allí buena parte de los monumentos
característicos del espíritu ilustrado y burgués,
práctico y afectado de alguna ostentación, pero
sólido y equilibrado.Tales son los hermosísimos
palacios barrocos de Antia y Madinabeitia, el no
menos bello de Baruekua, de transición entre barroco
y neoclásico, que perteneció al barón de Areizaga,
suegro del Conde de Peñaflorida y la casa de Moyua,
típicamente decimonónica, actual Casa de Cultura,
sin olvidar la fuente y los jardines de los palacios.
La
Plaza de los Fueros supone, tras la incorporación
de Oñate a la provincia de Guipúzcoa, la culminación
de un plan urbano que organizara el fragmentado
plano de la Villa.
Parroquia
de San Miguel.
Es un templo gótico con añadidos de otros estilos
posteriores. Destaca su claustro gótico-flamígero
y la Capilla de la Piedad con su retablo plateresco.
Torre de Zumelzegui. Construcción del siglo
XIV que perteneció al Conde de Guevara. Casa Consistorial. Noble edificio barroco terminado
en 1778.
Universidad
Sancti Spiritus
La Universidad Sancti Spiritus fue concebida y costeada
por el obispo oñatiarra Rodrigo Mercado de Zuazola,
humanista de amplia formación. La Universidad funcionó
desde 1542 hasta 1901, impartiendo los grados de
Teología, Cánones, Leyes y esporádicamente Medicina.
La fachada principal merece ser contemplada detenidamente.
Se construyó primero la portada, que tiene gran
similitud con la del convento de las Dueñas de Salamanca,
obra de Gil de Hontañón.
En el interior, el claustro es magnífico y equilibrado,
con su doble arquería, en cuyas enjutas se ubican
figuras de parejas de cabezas históricas y mitológicas,
como Carlos I e Isabel de Portugal, Felipe y María
de Portugal, Ulises y Penélope, Lucrecia y Collatino,
etc. Son también muy notables los artesonados mudéjares,
especialmente el magistral de la escalera de acceso
a la primera planta, labrados por un tallista abulense
llamado Gibaja y por último, el retablo de la capilla,
plateresco.
Basílica de Aránzazu
Está situada en un barranco apartado al que se accede
desde Oñate y muy cerca del Parque Natural de Aizkorri.
Según la tradición, el primitivo monasterio se edificó
como consecuencia de la aparición de la Virgen en
el siglo XV a un pastor de la zona. Sufrió numerosos
incendios y destrucciones, la última durante la guerras
carlista, siendo reedificado en otras tantas ocasiones.
.
La
actual basílica se construyó en los años 50. Son sus
autores Francisco Saénz de Oiza y Luis Laorga. El
conjunto es una gran muestra de arte contemporáneo
donde destacan las esculturas de la fachada, obra
de Jorge de Oteiza, las puertas de la basílica, obra
de Eduardo Chillida y las pinturas de la cripta que
realizó Néstor Basterrechea.