Cuando los Romanos invadieron la Península
Ibérica, prestaron gran importancia a la construcción
de calzadas para comunicar las distintas regiones y
ciudades. Una de las rutas que adquirió gran
importancia fue la que unía Mérida con Astorga, prolongándose
hasta Sevilla por el sur y hasta Gijón por el norte.
Es la llamada Via de la Plata que coincide casi
con el mismo itinerario por el que discurre la actual
carretera N-630. Desde León la Via sigue el curso del
río Bernesga, entrando en Asturias a través del puerto
de Pajares y continuando por Campomanes, Pola de Lena,
Ujo y Mieres, para seguir a Oviedo y Gijón.
El Puerto de Pajares, con una altitud de 1379
metros, fue la principal vía de paso de la cordillera.
Desde hace algunos años, este itinerario se ha mejorado
notablemente con la nueva autopista. A pocos kilómetros
del puerto, se localiza la estación invernal de Valgrande-Pajares,
cuyos primeros remontes se instalaron en 1953. Siguiendo
la carretera y muy cerca de Pola de Lena se encuentra
Santa Cristina de Lena, joya del prerrománico. Más adelante,
el industrioso concejo de Mieres que, en el siglo
XIX se convirtió en centro siderúrgico y minero.
Poco después, Oviedo, capital
del Principado, situada estratégicamente y que es centro
de importantes manifestaciones culturales , conserva
entre sus principales monumentos la Catedral gótica
cuya construcción comenzó en el siglo XIV. En los alrededores
de la ciudad se pueden visitar las joyas prerrománicas
de Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo, San
Julián de los Prados y Santa María de Bendones. También
muy cerca de la ciudad, las iglesias románicas de San
Esteban de Sograndio, San Juan de Priorio y San Martín
de Pereda.
Gijón, fin de la ruta, es la mayor ciudad del Principado.
Importante puerto y centro de veraneo del Cantábrico,
cuna de D. Melchor Gaspar de Jovellanos. Merece su visita
el casco antiguo de Cimadevilla, declarado conjunto
histórico-artístico en 1975 y las Termas Romanas de
Campo Valdés. El Palacio de Revillagigedo y la
Colegiata de San Juan, ambos del siglo XVIII, junto
con la Torre del Reloj, también merecen atención.